Desde hace bastantes años la aviación ha ocupado las primeras páginas de los medios de comunicación impresos, y ha sido invitado de excepción de gran parte de minutos en televisiones y radios. Uno de los motivos de este protagonismo no es nada agradable y viene ligado completamente a las continuas disputas entre los gobiernos de diferentes países y la actuación de sus controladores aéreos.
Sin entrar a valorar si sus exigencias son correctas o por el contrario son los gobiernos y los organismos encargados de regular estas actividades los que tienen la razón, situaciones como la que hemos conocido esta pasada semana en New York, “con la actuación de un niño jugando a ser controlador”, provoca que se reste credibilidad a este colectivo y se ponga una vez en entredicho su trabajo.
Por si no han tenido ocasión de conocer la noticia, vamos a profundizar en unos hechos sucedidos en el aeropuerto JFK. Un aeródromo que se encuentra en la lista oficial de las instalaciones mas grandes de Estados Unidos y que pertenece a una de las zonas de tráfico aéreo más saturadas y por tanto peligrosas de las existentes en el mundo.
En ella y contando con un día marcado por una fuerte nevada y situaciones climatológicas adversas, se aumentaba en varios grados un trabajo complicado ya de por si. Igualmente el mal tiempo alimentaba la posibilidad de la presencia del infante en el lugar, ante la suspensión de las clases. Pero lejos de todo ello y cuando era el momento del despegue del “Jet Blue 171”, el piloto de dicha aeronave recibía la orden afirmativa de despegue por parte de un niño de corta edad, alentado por su padre – el controlador oficial-. Un hecho ya de por si insólito al que se sucedía una conversación entre el controlador y el piloto de la aeronave en la que le restaban importancia al hecho y bromeaban con lo sucedido.
Una situación mas que llamativa, teniendo en cuenta las estrictas medidas de seguridad que acompañan a todos los aeropuertos y muy en concreto a los aeródromos de Estados Unidos y que rápidamente fue censurada por el organismo que controla el transporte aéreo (FAA), suspendiendo de actividad tanto al citado controlador como al supervisor de este, hasta que finalice la investigación en curso.
Por supuesto esta situación no puede ser utilizada para desprestigiar a todo el sector y con ello poner en tela de juicio el trabajo que realizan día a día, pero hay que reconocer que no es la primera vez que ocurren unos hechos de este tipo, y todo ello juega en contra de un colectivo muy exigente en defender sus derechos y que ante situaciones como estas pierde credibilidad al no actuar con coherencia y profesionalidad.
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